Garantía en electrodomésticos nuevos y de segunda mano

by polariz

Cuando se adquiere un electrodoméstico nuevo la ley fija una garantía de dos años, que es la misma que rige a cualquier producto de este tipo que se adquiera. Durante este tiempo, si el aparato sufre algún problema que no sea achacable al mal uso será reparado gratuitamente por el vendedor, el cual lo llevará a un servicio oficial. Por ejemplo, si hemos adquirido un frigorífico Bosch se acudirá al servicio oficial Bosch.

Pasado el tiempo de garantía, si el electrodoméstico sufre algún problema será a cargo del propietario el arreglo y podrá elegir si llevarlo al servicio técnico o a cualquier otro lugar de reparaciones.

La excepción está en que el producto presente una deficiencia que se encuentre durante los primeros quince días tras la compra. En este momento el comprador podrá optar por devolver el producto y que o bien se le devuelva el dinero, se le entregue un producto nuevo o se le deje elegir otro por un valor igual o superior abonando la diferencia.

Productos de segunda mano adquiridos en tienda

Cuando se compra un producto de segunda mano en una tienda este también tiene una garantía por ley. En algunos establecimientos de venta de segunda mano se pueden ver carteles en los que se indica que no se hacen responsables, sin embargo, cuando te venden un electrodoméstico de segunda mano con una factura (siempre exigible) tienen la obligación de dar una garantía mínima de un año.

El vendedor y el comprador podrán pactar un tiempo de garantía superior, pero nunca inferior al año. En caso de que el aparato tenga algún problema el vendedor tienen que asumir la garantía salvo en el caso de que demuestre que se debe a un mal uso del producto.

Productos de segunda mano adquiridos a particulares

Cuando se compra un producto de segunda mano a un particular este también tiene una garantía. En este caso es siempre de seis meses. El problema es que en este caso es el comprador quién debe de demostrar, en caso de problemas, que el fallo del aparato era previo a su compra y no posterior.

Si consigue demostrarlo el vendedor deberá de repararlo, devolverle parte del importe o, en caso de que sea un fallo grave, se anularía la venta. El problema es que no suele haber conformidad en estos casos y la única manera de que el comprador pueda hacer valer sus derechos es recurriendo a la vía civil, algo que normalmente no merece la pena por el bajo importe de estos productos.


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